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GÉNERO

Copa menstrual: la revolución de conocernos y querernos

Lucía nos relata su tránsito hacia la copita, y todos los beneficios que le trajo a ella y al planeta.

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Ilustra Camila Ayala

Cuando quedé embarazada de mi hijo, dejé por supuesto de menstruar. Mi período, siempre tan regular, tan fiel, no tardó en hacerse esperar y cuando Martín cumplió dos meses y estábamos en plena lactancia, volvió; cíclico y normal como había sido siempre. Pero para ese entonces yo ya tenía preparada una copita 0 km para estrenar. Por eso, hoy puedo decir con felicidad que estoy celebrando casi cinco años desde que abandoné los descartables a la hora de mi menstruación. ¿Cómo llegué a ella? De la misma manera que llegué a abandonar el corpiño, a entender muchas cosas que me habían pasado, y hasta estar escribiendo este artículo: gracias al feminismo.

Me gustaría poder transmitir qué tienen que ver copita y feminismo porque es la clave de esta reflexión. Se relacionan y mucho, porque desde mi experiencia, una conlleva a la otra. ¿Sabían, por ejemplo, que la copita se inventó antes que las toallitas descartables? Existe desde 1930, pero, con el correr de los años, el plástico y el polietileno comenzaron a ser sinónimo de tecnología y avance, y se empezó a ver mal eso de andar juntando sangre en una copa. Ni hablar de la parte de tocarse la vagina al introducir y retirar la copa. Por lo que salieron en 1970 las toallitas (y pañales) descartables y fueron un éxito rotundo. Comenzaron a venderse masivamente y en todo el mundo. Significaron la libertad de usar y tirar. Se había terminado eso de lavar y secar, simplemente se usaba y, después de tirar el bulto a la basura, te olvidabas para siempre. El camino más sencillo nos parece siempre el mejor, y al parecer, no había consecuencias negativas. Las empresas que comenzaron a fabricar descartables por supuesto se llenaron y se llenan de dinero; sin embargo, hoy sabemos que esta opción no es la ideal para nuestra salud ni la salud del planeta.

Una sola mujer genera 65 kg de basura al año sólo de toallas femeninas. Como resultado, cientos de toneladas de toallitas y tampones en el mundo engrosan una contaminación ambiental cada vez más alarmante, cuya gran parte termina en nuestras costas, playas, y en el estómago de la fauna marina. Esta basura higiénica, además de tardar 500 (!!!) años en degradarse, está hecha de materiales altamente contaminantes (dioxina, poliacrilato, rayón, asbesto), y ni hablar de la cantidad de agua que la producción de estos productos requiere. Como verán, esa basura que descartamos de nuestra vida no desaparece, y el camino más cómodo para nosotros está, literalmente, enfermándonos y enfermando el planeta.

Bien, esta fue la parte más fea: tomar conciencia y enterarnos de una verdad que quizás ya la sabíamos, pero que incomoda tenerla enfrente. Ahora la mejor parte de volver a lo reutilizable: CONECTAR.

Cuando tiramos la toallita llena al tacho, rápido y sin mirarla; cuando nuestros olores naturales se tapan por el perfume de la misma o el color de nuestros fluidos cambia por el famoso gel absorbente (poliacrilato); cuando llamamos al período de otra manera o evitamos hablar del tema, estamos tratando a la menstruación como un tabú, y a nuestra sangre como algo desagradable. Se nos ha enseñado que la menstruación es un “asco”.

Usar la copita me ha conectado conmigo misma. Con mi cuerpo. Con mi ciclo. La copa menstrual, para les que no sepan, es un vasito de silicona que se coloca dentro de la vagina para retener el sangrado durante la menstruación. Algunos de sus beneficios son:

  • Al ser de silicona médica e hipoalergénica, es la opción más higiénica y más saludable de todas.
  • No genera bacterias como las toallitas descartables, ni resecan o lastiman nuestro canal vaginal como los tampones.
  • No altera nuestro PH natural, por lo que baja la probabilidad de irritaciones, infecciones, etc.
  • Nos conecta con el olor y color real de nuestra sangre (Esto es maravilloso y hasta que no la usen lamento decirles que no lo van a experimentar).
  • No generás residuos contaminantes. De hecho la sangre podés devolverla a la tierra (es rica en nutrientes)
  • Ahorrás un montón de plata (las toallitas y tampones siempre fueron caros, imagino ahora). Las copas tienen un valor de entre 700 y 1400 pesos en Argentina, y una vida útil de diez años: sacá la cuenta de cuánto gastás en descartables en una década.

Es que a la copita no hay con qué darle. Sólo tiene beneficios y, una vez que hice el cambio, me pregunté por qué no la había usado desde siempre.

Comencé también a reconocer mi ciclo. Lleva un tiempo, como todo proceso. Ahora sé si estoy fértil, si estoy por menstruar. Siento los síntomas, los cambios en mi cuerpo y anímicos, las subidas y bajadas de energía, de líbido, de sensibilidad, de introspección o extroversión. Me reconozco transitando el ciclo y aprendí a quererlo. Porque esos somos, cíclicas. El feminismo no es odio ni agresión, es todo lo contrario. Es amor, mucho amor.

He notado que un error frecuente entre quienes están asimilando el feminismo o no movieron un dedo para informarse, es pensar que el feminismo es estar en contra de los hombres, u odiar a los hombres a secas. La cuenta que hacen es, interpreto, feminismo es lo contrario a machismo = feminismo es agredir a los hombres o querer dominarlos. No, no, no. No. Recontra no. El feminismo es amor: amor hacia los demás y hacia una misma. Usar copita y protectores de tela es volver a tomar la menstruación como lo que es: parte natural de nuestro ciclo. Conocer nuestro cuerpo, tocarlo, verlo y olerlo. Entender nuestras etapas y ayudarnos a transitarlo de la mejor manera posible. Menstruamos aproximadamente cada veintiocho días durante cuarenta años, ¿vamos a tomarlo con fastidio, con vergüenza?

Tengo la certeza de que cada vez somos más las que nos animamos a hacer este cambio. Termino con una frase leída por ahí y que encaja perfecto a lo que les quiero expresar: en tiempos de violencia, amarse es revolucionario.

Profesora de literatura y mamá de Martín. Ama enseñar pero más ama aprender: estudia Comunicación y fotografía y, en sus ratos libres, escribe sobre todo lo que la atraviesa. Cree que el aula es un espacio ideal para combatir al patriarcado. @luciaflorencialorea

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GÉNERO

Sin filtro: las redes provocan daños en la autoestima de las mujeres

Algunos aspectos del problema, en uno de los países con mayor índice de trastornos alimentarios del mundo.

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Por Florencia Ferreiro*

Se seca el pelo y se peina, posa para la foto que ella misma toma y luego scrollea para ver qué filtro resalta el color de sus ojos y le broncea los pómulos. De forma inmediata, envía un mensaje de Whatsapp a su mejor amiga para que opine cuál de todas las selfies que sacó es la seleccionada para subir a sus historias de Instagram. 

“Uso filtros porque me gusta cómo quedan en mi cara y quiero que me vean así las personas que me siguen. Me veo más linda”, dice Melina, una joven porteña de 21 años. Se define como una persona sencilla. Casi nunca usa maquillaje, y es la clase de persona que cuando entra a su casa se pone el pijama, no importa si son las dos de la tarde o a las diez de la noche. Sin embargo, cuando usa Instagram, elige mostrarse de una forma diferente a como es en la vida real. “Si empiezo a hablar con un pibe, obviamente voy a sacarme fotos con filtros para que me vea mejor», cuenta entre risas. No siente vergüenza al decirlo porque en su grupo de amigas todas lo hacen. 

Los filtros son efectos que pueden añadirse a las fotos o videos y que cambian o modifican ciertos aspectos visuales. En principio solo se utilizaba este concepto para los cambios de colores de las imágenes, pero con el avance tecnológico, surgieron aplicaciones que contienen herramientas hiper realistas donde las modificaciones del cuerpo humano son posibles tanto en fotos como en videos en vivo. Es decir, es posible achicar la nariz, bajar la porosidad de la piel, agrandarse los labios, entre otras cosas para conseguir la versión «perfeccionada» de uno mismo.

Tania Borda, psicóloga, investigadora y escritora de Trastorno Obsesivo Compulsivo, define en su libro al Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) como un trastorno de la imagen corporal, caracterizado por una excesiva preocupación por un defecto en el cuerpo que puede ser imaginario o muy trivial como para ser detectado por otra persona, causándole a quienes lo padecen, deterioro físico, psíquico y/o social. 

“Cuando me alejo de las redes sociales me puedo llegar a olvidar del tema, pero después de estar en redes es cuando más fea me siento”, dice “H”, una mujer de 42 años que padece TDC desde el año 2011. No quiere revelar su identidad públicamente, pero sí desea hablar de su enfermedad. Cuenta que se ha sometido a tratamientos estéticos, y que los estereotipos de belleza influyen en su autopercepción. “Al no sentirme a la altura del aspecto físico de otras mujeres me siento incómoda conmigo misma”, relata. 

“Estamos todo el tiempo buscando la aprobación en las redes para recién ahí sentirnos más seguros”, dice Luciana, una chica de 24 años que decidió hacerse una cirugía estética porque no se sentía cómoda con su nariz. “Sé que si no tuviera ninguna inseguridad y la autoestima perfecta, no habría nada que quisiera cambiar de mí y no tendría necesidad de hacerlo quirúrgicamente”, agrega. 

Una de las consecuencias que genera tener un TDC es la realización de cirugías e intervenciones estéticas. La Academia Estadounidense de Cirugía Facial Plástica y Reconstructiva (AAFPRS) afirma, en un estudio publicado en 2017, que el 55% de los cirujanos plásticos faciales informaron haber visto pacientes que querían mejorar su aspecto en selfies.

Para Andrea Barovero, licenciada en Psicología y especialista en Terapia Cognitivo Conductual (TCC), las redes sociales aparecen como un ambiente propicio para corregir lo que no nos gusta de nosotrxs mismxs y mostrarnos de una forma ideal y no real. Además, indica que el uso de filtros aleja a las personas de su imagen verdadera y simula una perfección que puede ser negativa para la autoestima. “No está comprobado que un filtro provoque un trastorno, pero sí refuerza sentimientos negativos una vez que nos miramos al espejo y vemos la realidad”, afirma la psicóloga. 

Una de las actividades más frecuentes en el universo digital consiste en seguir a influencers, personas que tienen la capacidad de atraer a determinados públicos y son admirados por sus comunidades. Melina asegura que ser influencer es anhelado por muchas chicas de su edad y considera que hay que cumplir cierto estereotipo para parecerse a ellos. “Una forma de hacerlo es usar los filtros que utilizan los famosos”, dice la centennial. Además, cuenta que hay diversas opciones de filtros y que muchos influencers los promocionan, incluso los llegan a vender y la gente los compra. La joven aclara: “Yo sé que son sólo filtros y que no es real, pero sí es cierto que si los usas mucho, te empezás a ver así y eso puede traer problemas de autoestima”.

“Lo que generan los filtros es la sensación de haber alcanzado una forma y después cuando nos miramos al espejo no es la misma imagen fabricada en nuestro cerebro, entonces en muchos casos hay frustración porque se rompe la ilusión”, asegura la psicóloga. La licenciada Barovero aclara que no todas las personas que se realizan cirugías estéticas tienen la predisposición genética para desarrollar un TDC. Luciana cuenta que no se arrepiente de su cirugía y que no siente la necesidad de realizarse una nueva por ahora. 

A pesar de que no todas las personas que eligen realizarse una cirugía estética tienen una dismorfia, los ideales de belleza interfieren en sus decisiones. El concepto de belleza, históricamente, conformó estereotipos. Y si bien es muy difícil desarticularlos, es posible visibilizar y “poner de moda” cuerpos no hegemónicos para empezar a deconstruir “los ideales” poco a poco.

Algunas influencers se dedican a compartir contenido sin filtro. Por ejemplo, Dadatina -la cosmetóloga furor en Instagram- promueve el hashtag #PielesReales que consiste en subir fotos sin la utilización de efectos que distorsionen los rostros y, así, mostrar un aspecto más “natural”. Bajo este mismo hashtag, publica fotografías sin filtro y en primerísimos planos de estrellas de Hollywood, donde, aunque se las ve espléndidas, podemos corroborar que son humanas. Otras influencers deciden exponer las partes de su cuerpo que según ellas no pertenecen a un canon hegemónico y, de esta forma, el mundo digital empieza a mostrar más heterogeneidad.

 

Las redes sociales llegaron para ampliar los horizontes de la realidad. Depende de nosotrxs decidir qué contenido consumir, a quién seguir y cómo mostrarnos, si decidimos hacerlo. 

*Los nombres de las jóvenes fueron cambiados para preservar su identidad.

 

* Periodista. Marplatense en la capital. Fundamentalista del team verano. Nocturna y cinéfila. Fan de conocer el mundo y contar historias. @floriferreiro

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GÉNERO

Orgullo todo el año: tres historias diversas

Porque el Orgullo es mucho más que una consigna, recopilamos tres historias de vida que lo resignifican desde diferentes lugares.

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Foto de portada: Cristina Sille

Orgullo puede ser la palabra más escuchada en esta época del año. Se abren muchos debates acerca del significado de la palabra, el pecado que representa para la religión, los disturbios de Stonewall, políticas públicas, el pinkwashing de las empresas, etc. Sin embargo, hoy quiero pensar en lo cotidiano, porque cuando termina junio las personas LGBTIQ+ siguen existiendo al igual que su orgullo y las adversidades que deben enfrentar. Es por eso que aquí les comparto unas historias cortas de orgullo de tres maravillosas personas que orgullosamente pertenecen a este colectivo.

Diamante forjado sin presión

A Alan le llena de orgullo haberse adentrado a temprana edad en la movida del drag. Tenía 18 años cuando, a pocos días de haber terminado el secundario, fue a “la X” que es como se conoce a Extasis, una disco de Mar del Plata. Ahí vio a Lest Skeleton, una mostra drag preciosa, bajar por las escaleras e inmediatamente lo supo: tenía que hacer eso. 

Desde esa noche se lanzó y no paró, nunca. Al empezar a esa edad enseguida pudo trabajar en el lugar en que su idea nació. Hoy Alan participa como Drag Queen en las marchas del orgullo, abriendo y en las carrozas, además de darlo todo en producciones teatrales y cosas nuevas. Ignorando la opinión de otres y con el apoyo incondicional de su familia, quien fue el motor para que naciera Diamante.

Foto: @diamante.ok por @nicozurii

Una marica mala

“En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política” Dijo Carlos Jauregui -si no te acordas de él, podes recordarlo acá-, y me lo repite Ulises Rojas después de enviarme un extracto de su novela “Diario de una marica mala”. Se trata de un recuerdo de un post que escribió en facebook el 3 de enero de 2018 sobre como su no masculinidad en el pueblo se vuelve tosca, las lecturas sobre su cuerpo al crecer y las violencias que tuvo que vivir a causa de esta construcción de la masculinidad.

Soy marica por toda mi existencia y hasta que me muera y después de muerta también.” la identidad de Ulises comenzó a forjarse en Formosa y continuó haciéndolo en La Plata, siempre a partir de las feminidades, nunca de los varones cis heterosexuales. Se trata de una identidad que a Ulises le llena de orgullo y empodera su existencia, más allá de que aún vive el rechazo; no  solo de los sectores más conservadores de la sociedad, sino también de las terfs. Aún así, esta marica mala resiste y se puede comer el mundo.


Foto: Ulises @odiseorojo [foto de la editorial Pixel]

 

LA lesbiana

Sofi supo identificar su sexualidad en la adolescencia, salir del closet no fue un problema, lo hizo cuando tenía 15 o 16 años. Nadie la hizo sentir mal por ello. A pesar de no sufrir discriminacion alguna por parte de sus círculos más cercanos, hoy Sofi siente que en aquel entonces se había fanatizado demasiado con la cuestión LGBTIQ+ porque quería ser “la mas lesbiana”, “la más activista”. Su mundo era un arcoíris, y yo que la conocí alrededor de esa época, puedo dar crédito de ello.

Años más tarde, reflexionando más sobre lo que significa un día como este y lo que se conmemora, Sofi siente más orgullo al participar de la sociedad como una igual y llevar su sexualidad libremente, pero sin que sea esto lo que la defina. En sus palabras: “no ser LA lesbiana, digamos que está por afuera de la sociedad y su unico proposito en la vida es ser lesbiana”; hoy Sofi como adulta se define por muchas cosas más, por ejemplo, ser militante de izquierda.

 

🌈El Orgullo como bandera pero también como forma de vida, que nos atraviesa y sigue despierto después de que termina junio.

 

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GÉNERO

Hablemos de ESI: ¿cómo se aborda en el jardín?

La Educación Sexual Integral es clave para desentrañar situaciones de abuso; hablamos con docentes y especialistas.

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Por Florencia Larregina*

Los lemas “con mi hijo no te metas” y “no le hables de sexo a mi hijo” persisten con en las familias que creen que la sexualidad es solo reproductiva. Mientras tanto, entre mitos, tabúes y voces de quejas, la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) enseña de relaciones saludables y prevención al abuso sexual infantil. 

En una salita de tres de jardín de infantes, ubicada en Palermo, Agustina Vita, maestra jardinera, llama a lxs ocho niñxs para que se sienten a iniciar la ronda de todos los días. Mientras los infantes terminan de acomodarse en el piso, la educadora les prepara una lectura diferente a las de todos los días. “De chica me encantaba este libro”, les comenta. El monstruo de los colores y Decir sí, Decir no son dos libros que narran sobre cómo tratar las emociones y lo que nos pasa, algo central entre los ejes de la ESI. “ Yo lo planteé porque tenía un chico que pegaba a sus compañeros. Con el tiempo nos dimos cuenta que era porque no podía expresarse como él quería, entonces planteé esto para fortalecerlo”, cuenta la docente.

El 26 de octubre del 2006 se promulgó la ley 26.150, que establece que todos los alumnos tienen derecho a recibir Educación Sexual Integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal.  

Esta enseñanza se trabaja de manera transversal a partir de juegos, canciones y cuentos. Nace de las situaciones diarias, como el género en los colores, el trato entre ellos y sus necesidades. Abarca diversos ejes como el cuidado de la salud y el cuerpo, la valoración de la afectividad, el respeto a la diversidad, a la equidad de género y el cumplimiento de sus derechos.  

La sexológa Cecilia Borghetti, de la agrupación Sexologia Actual, enfatiza que uno de los temas más importantes a tratar con los infantes es la autonomía del cuerpo. Afirma que solo cuando nos conocemos podemos saber lo que nos gusta y lo que no, para establecer límites claros. “En lo que respecta a la educación, habla de la prevención del abuso sexual en la infancia. Se logra al nombrar a los genitales por su nombre para generar consciencia de su cuerpo y al abordar los secretos, algo común a esa edad”, concluye. En el cuadernillo curricular de la ESI otorgado previamente por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hay una actividad llamada “Héctor y los secretos”. Mediante la narración de dos historias, les preguntan a los chicos como creen que se sienten los protagonistas para entender que guardarse y que no.

“Yo tuve una situación de abuso. Todo surgió cuando se empezaron a pelear entre dos hermanos y yo les llamé la atención. Ante ese reto, uno de los chicos me dice: ‘yo me porto mal, pero vos te tenes que fijar lo que hace Juan’ (el nombre es ficticio). Lo que pasaba es que el hermano mayor le bajaba los pantalones para abusarlo y cuando le contaba, la mamá no le creía y decía que se calle. También salió a la luz que el abusador también había sido abusado por el vecino. Era como el gran secreto”, concluye Paola Trabone, maestra en un jardín de la provincia de Buenos Aires.

Un estudio del Ministerio Público Tutelar (MPT) de la Ciudad de Buenos Aires reveló que entre el 70 y el 80 por ciento de los niños, niñas y adolescentes de entre 12 y 14 años que pasaron por la Sala de Entrevistas Especializada del organismo pudieron comprender que fueron abusados después de tener clases con perspectivas vinculadas a la ESI.  

Desde Sexología Actual sostienen que persisten tabúes y desinformación respecto al tema debido a que vemos y vivimos la sexualidad desde una visión adulta. “Como mayores tenemos que cambiar nuestra idea de sexualidad y empezar a verla desde el desarrollo de autoestima y la identidad autopercibida”, concluyen.

Paola Trabone resalta que es de importante que los mayores dejen a les niñes ser lo que quieren ser, porque a esa edad cuando forman su identidad y autopercepción. Además, cuenta que en una clase de dramatización, Juan, un alumno, agarraba los tacos y se ponía a barrer, imitaba lo que veía en la casa. Por cuestiones administrativas, anotó lo que usaba para jugar y se lo mandó a la familia. “Cuando la madre leyó el informe, él dejó de hacer todo eso. Ella lo tomó desde el lado que el hijo iba a ser gay, entonces de alguna manera lo limitó a ser”, expresó la maestra. 

La Educación Sexual Integral en Nivel Inicial agrupa diferentes aspectos que son útiles para que niñas y niños puedan desarrollar su afectividad, sexualidad y protección del cuerpo. Sin embargo, a pesar de tener perspectiva de género, sigue siendo una educación binaria. El siguiente paso a dar es la integración de la diversidad de cuerpos, orientaciones e identidades, para que las personas trans también puedan ser representadas en las actividades y así terminar por la integración completa de toda la sociedad. 

 

* Estudiante de periodismo. Feminista. Vegetariana. Fan de Cerati y del flaco. Si tiene tiempo medita y escribe poesía. Amante de la naturaleza y de las charlas filosóficas. Fiel al buen día por las mañanas y al café. @florlarregina

 

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